¡Hola de nuevo! Hacía tiempo que
no escribía una entrada porque estas semanas han sido bastante tranquilas. Ya
por fin estamos viviendo en nuestro piso y tras haber realizado diferentes
gestiones y haber solventado algunos problemas ya estamos totalmente establecidos.
Ahora ya tenemos internet en casa con la compañía Belgacom: internet (ADSL con
20 Mbps, 18 y pico reales) + teléfono móvil (105 minutos de llamadas al mes)
por 39 € al mes. Tenemos amueblada la casa aunque aún faltan algunas cosillas
puntuales y los únicos puntos negativos son que hay que arreglar la lavadora
(hay que insistirle mucho a la dueña…) y que hasta octubre no nos activan la
calefacción, y se acerca el invierno J
Bueno, pues tan acomodados
estamos, ¡que por fin hemos recibido la primera visita oficial! Han tenido el
honor de ser los primeros María Rosa y Dani. Casi por sorpresa y sin esperarlo,
un día recibí un mensaje de whatsapp de Mari diciendo: “Oye Antonio, ¿cómo te
viene que vayamos la semana que viene a verte?” ¡Pues genial! ¿Cómo me va a
venir? Jejeje.
Llegaron un jueves por la noche
mediante Ryanair (afortunadamente sin incidencias) y en medio de un gran caos
en la terminal; a la entrada había una cola de coches tremenda y cuando pudimos
aparcar el coche y salir del parking, vimos como la terminal estaba atestada de
gente. Cuando llegamos a la salida de las llegadas, ¡ellos acababan de llegar y
ya estaban fumando un cigarro fuera! Jajaja.
El viernes se fueron a visitar
Bruselas por su cuenta, ya que yo tenía que trabajar por supuesto :P , pero el
sábado ya nos fuimos los 4 juntos hacia Gante. Nos levantamos prontito y en
poco más de una hora salvamos en coche los 130 Km que separan Mons de Gante. Gracias
al GPS de Dani pudimos acercarnos al centro, de modo que aparcamos muy cerquita,
con la contrapartida de que era zona de pago y tuvimos que renovar el billete
cada 3 horas L
Al principio estuvimos un poco perdidos y no nos ubicábamos en el mapa. Estuve
allí hace un par de años pero solo unas pocas horas por lo que no me acordaba de
mucho. Una vez nos ubicamos fuimos a la oficina de información junto al
Castillo de los Condes de Flandes y nos surtimos de buen material, varias guías
y planos, todo muy bien explicado. Empezamos a hacer una ruta recomendada y al
poco encontramos una de las muchas empresas que ofrecen un paseo en barco por
los canales. Nos dijeron que el guía hablaba español y que el próximo barco
partía en 10 minutos, por lo que pagamos (6,50 € por persona) nos montamos
enseguida. El barco se acabó llenando, y aunque hasta entonces el cielo estaba
despejado, ¡se puso a llover una barbaridad en un momento! Enseguida nos dieron
unos paraguas formando una curiosa estampa. Así empezamos el paseo, aunque a
mitad dejó de llover y pudimos ver mejor por donde íbamos pasando :P
Después del paseo en barco
pasamos por la Iglesia de San Nicolás, la Torre del Campanario y la Catedral de
San Bavón, tomando previamente la típica foto de las tres torres desde Korenlei
(muelle de los granos), en frente de Graslei (muelle de las hierbas). Después
de comer nos metimos a ver por dentro el Castillo de los Condes de Flandes
(Gravensteen) a pesar del elevado precio de la entrada, ¡8 euros! El castillo
no estaba mal, con exposiciones en sus salas (de armaduras, armas, objetos de
tortura, una guillotina…) y las vistas desde la parte alta eran dignas de foto.
Para dormir fuimos a un hotel Bed
& Breakfast Het Eycken Huys (www.heteyckenhuys.be) que habíamos
reservado previamente y que estaba a medio camino entre Gante y Brujas. Se
trataba de una casa rural con varias habitaciones sencillas pero muy
acogedoras. Los dueños viven en una casa al costado con sus hijos que siempre
andan revoloteando por aquí y por allá. El trato personal fue excepcional con
nosotros, ya que nada más llegar se preocupó por nosotros, si habíamos llegado
bien, y nos sirvió la bebida que quisimos sin que nos la cobrara. El único
inconveniente es que el sitio está un poco rebuscado para llegar y a pesar de
que hay indicaciones en el último tramo, es importante llevar un GPS encima.
Una cosa que nos gustó fue los animales que tienen por allí sueltos y que le
dan vida al sitio: perros, gallinas… ¡y hasta caballos y ponys!
Al día siguiente pasamos por un
castillo que está muy cerca de donde nos alojamos, llamado Kasteel van Poeke (http://www.poeke.net/) y nos echamos algunas fotos. Había una
exposición en su interior y pudimos deambular por sus estancias. Enseguida
fuimos hacia Brujas porque queríamos aprovechar el día. Esta vez fue una odisea
encontrar la oficina de turismo ya que está muy apartada del centro (en la
calle ´t Zand) y encima nos salió un
día bastante lluvioso. Estuvimos viendo los sitios de interés típicos, la
Catedral de San Salvador, la Iglesia de nuestra Señora, el ayuntamiento en la
Plaza Burg y por supuesto, el Markt
con el ayuntamiento y su imponente Belfort
(al que no subimos debido al precio de la entrada y por la supuesta paliza que
nos íbamos a pegar subiendo). Una cosa curiosa que descubrí en este viaje fue
un busto dedicado al humanista Juan Luis Vives, nacido en Valencia en 1492 y
que vivió sus últimos 15 años de vida en la ciudad de Brujas, hasta que murió
en 1540. Nacido en el año en el que los Reyes Católicos conquistaban el último
reino musulmán, empezaba una época convulsa para la gente que no profesaba la
religión cristina. La Inquisición puso su ojo sobre la familia de Vives, que eran
judíos, por lo que se sus padres se vieron obligados a enviarle al extranjero,
donde vivió en París, Inglaterra, Lovaina y por último Brujas.
El lunes por la mañana
aprovechamos para enseñarles Mons a María Rosa y a Dani que aún no habían
tenido la oportunidad. Para variar estuvo lloviendo y para colmo, al ser lunes
habían algunas cosas cerradas que no pudieron ver. Al menos vieron la Grand
Place y la Catedral. Y nada, para el aeropuerto, ¡que ya no había tiempo para
más en este viaje relámpago! ¡Muchas gracias por vuestra visita, ha sido muy
especial para nosotros!
Esto es todo por esta vez, ¡nos
vemos pronto!
¡Besos y abrazos para todos!














